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lunes, 8 de febrero de 2016

domingo, 7 de febrero de 2016

Ya se puede conseguir Fisher y los refugiados en Bahia


 antes que entre a las librerías de la mano de los supercombos veraniegos de 17 grises editora. Así que antes de partir para la costa le escriben a la fan page https://www.facebook.com/diecisiete.grises/?pnref=story... y encargan por privado así los muchachos se los hacen llegar y disfrutan de este texto que armarlo nos dio un laburo de novela.
                                                             
“No hay ninguna verdad para encontrar en este texto, ni señales, ni indicios programáticos para que la vida cobre algún sentido. No hay intencionalidad didáctica, y es por eso que Fisher y los refugiados no puede tomar otro camino que no sea el que lo aleje del realismo tradicional. Nicolás Guglielmetti reniega aquí de todo lo que pueda representar Bahía Blanca para aquél que la conoce, obligándonos a masticar una ciudad desaforada en un gesto de deseo holocáustico (entregando en sacrificio a su gente, porque aquí nada importa, ni nadie, ni a nadie). Es que, en el fondo, y sobre todo en los intersticios desbordados y esquizos que son la materia del lenguaje anárquico de Guglielmetti, esta ciudad no existe y, quizás aún mejor, jamás exista, para la tranquilidad de quienes pretenden que al final todo resulte encasillable en una fácil respuesta a cada inquisición que pueda hacérsele a una novela. Fisher es un estallido de sentidos, porque en sus páginas nada parece empezar ni terminar.” Mariano Granizo



Se dijo de Fisher 

http://www.lanacion.com.ar/186

http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/libros-leeremos-2016_0_1513648639.html
5167-los-independientes-suben-la-apuesta


http://www.niapalos.org/?p=21736



Fragmento

"Morder un corcho, meter tanza para hacer el nudo marinero de ocho en el anzuelo de paleta sin agujeros. Sentir que esos trozos de metal parten de la boca es una sensación que no opaca lo anterior. El fulgurar de las glándulas sudoríparas de las aureolas funciona diferente contra el resto de la piel. Es una carne magra pero más sabrosa y en si la tarea es placentera aunque los que somos profesionales hacemos como que parezca algo más. A los que han mostrado flaquezas los han volado de un plumazo. Este es un trabajo para ardillas: disparan sin que se sepa bien quién fue hasta que se disuelven en un lugar ciego donde no llegan las cámaras de seguridad y en apariencia los internos tienen permitido fumar.
Los primeros mulos anfibios fueron los de cuero duro. En los papeles eran los congrios los que encajaban con la búsqueda. Sus mandíbulas eran tan potentes que en un descuido te podías quedar sin dedos pero tenían el sistema digestivo muy sensible a diferencia de los gatuzos, mucho más escurridizos y fáciles de degollar, al pasar la zaranda en el dique, en lo que vendría a ser el fin de la maniobra peligrosa antes de la distribución.
Había varias maneras de cocinar fertiliyos. Como Buba le explicaba a Forest sobre los camarones: fertiliyos en escabeche, en sopa, saltado con vegetales, saltado con salsa, fritos estilo marinera, al horno, estilo chupín y a la parrilla aunque eso era a simple vista la gilada del negocio. Con las aletas se hacían dorsales para guadañas y al diluirlo a altas temperaturas se extraía metal pesado para hacer chips. Los chinos imploraban por los ojos, cosa que nos pareció rara al principio hasta que un infiltrado de mi padre que había sido coterráneo de mi abuelo y parecía no envejecer, nos confesó que él trabajaba para los estados del este en experimentos del tipo X y que de los ojos no sólo sacaban elementos de la radiación, ideal para aumentar la potencia sexual, sino para crear una droga que aletarga el cromosoma del envejecimiento."

Bella Vista, Nicolàs Guglielmetti, Vox Ediciones 2015

Las ruinas de Yugoslavia

                                                                                                        A mi abuelo Víctor que        
                                                                                                       pasó la vida zanjeando
                                                                                                       para trasportar la mierda y
                                                                                                      el agua de esta ciudad

Existe algo más yugoslavo que Petrovich se pregunta Dovichenko
mientras fija la mente en un cenicero lleno de colillas
y deduce que ese es el alma de lo que no pudo decirse

#

A tres cuadras de la remodelada estación de colectivos
frente a la Villa Rosario te daban dos puñaladas de ventaja
sin embargo el viejo Martínez se rendía tras una jornada
pesada de zanjeo a los yugoeslavos que preparaba el cantinero.

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Un yugoslavo puede ser un tipo pintón,
un rubio criollo mal denominado o una mitad
de vino blanco con una media de tinto mixturado
por un bloque diminuto de agua en estado de solidificación.

Según pude saber el trago no trascendió los muros del barrio
 y se debió al capricho de un habitué ensañado
con el cantinero de turno mientras en canal nueve hablaban de Putin

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Frente a la iglesia de la cortada de Espora
vendían vino suelto mal rebajado
cuando una botella de brama no llegaba a un sope.

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Hasta que tuvimos laburo, que fue tarde,
todos tomábamos en la vía mientras algunos chetos
pasaban en el coche de sus viejos.

En invierno escondíamos las botellas en un baldío.
De ser necesario se prendía fuego,
de ser necesario se le convidaba vino a los crotos.

Cuando pasaba la cana nos agazapábamos.

La vía daba a la espalda de los boliches.
Cuando estábamos puestos entrábamos.

Las rusas parecían disfrutar de ese gusto áspero en los labios
como esas cosas de las que se desconoce el origen.

Con los chicos decidimos juntarnos en una casa.
De treinta pasamos a diez, nuestras anécdotas remitían a las vías.

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Un día le pusieron al Fufi bocha de puñaladas.
No volvió a fumar, se salvó de pedo.

#

Con los chicos ya no creemos en la revolución.

La mayoría entró a laburar en las empresas del Polo
y si no hay Smirnoff no toman.

A mí me dicen que deje de soñar.

Cuando me ofrecen laburos en negro para los diarios fachos
pienso en el viejo Martínez que murió en la suya.


aullidos y cabriolas